Los juegos de dados en Japón hunden sus raíces en la Antigüedad asiática. Los dados cúbicos (saikoro, サイコロ) llegaron a Japón desde China y Corea hacia el siglo VI, junto con el budismo y la escritura. El Nihon Shoki (Crónicas de Japón, 720) ya menciona el Sugoroku (双六), un juego de mesa con dados practicado en la corte imperial. La popularidad de los juegos de dados era tal que el emperador Tenmu los prohibió por decreto en 689, la primera prohibición conocida del juego de azar en la historia japonesa. Los astrágalos (huesos de tobillo de oveja) servían también como herramientas de adivinación en el sintoísmo primitivo, vinculando el azar con lo sagrado. Los dados japoneses tradicionales se distinguen por su marca roja en la cara del 1 (ichi), que simboliza el sol naciente y la buena fortuna.
El Cho-Han Bakuchi (丁半博打) surgió como el juego predilecto en el Japón del período Edo (1603-1868), bajo el shogunato Tokugawa. El término bakuchi combina los kanji 博 (baku, juego) y 打 (uchi, golpear), evocando el gesto del crupier al colocar el cuenco con fuerza sobre el tatami. A pesar de las prohibiciones reiteradas del bakufu (gobierno shogunal) —en particular los edictos de la era Kyōhō (1716-1736) bajo el shogun Yoshimune Tokugawa—, el juego prosperaba en las zonas grises de las ciudades de paso (shukuba-machi) a lo largo del Tōkaidō y en los barrios de placer (yūkaku) como Yoshiwara en Edo. Las casas de juego clandestinas (tobaku-ba, 賭博場) acogían a samuráis venidos a menos (rōnin), comerciantes y artesanos. El Cho-Han se convirtió en el juego más practicado entre las clases populares gracias a su absoluta simplicidad: sin necesidad de habilidad alguna, solo la emoción del azar puro.
El Cho-Han está íntimamente ligado a la historia de los bakuto (博徒), jugadores profesionales itinerantes que organizaban partidas clandestinas por todo Japón. Estos bakuto son los antepasados directos de los yakuzas modernos; la propia palabra yakuza procedería del juego de cartas Oicho-Kabu, donde la combinación ya-ku-za (8-9-3 = 20, es decir, cero puntos) designa la peor mano posible, de ahí el sentido figurado de «inútil». La figura central del Cho-Han era el tsubo-furi (壺振り, «el que agita el cuenco»), un crupier que llevaba tradicionalmente el kimono abierto hasta la cintura para demostrar que no ocultaba dados trucados en las mangas. La casa cobraba una comisión llamada terasen (寺銭, literalmente «dinero del templo»), generalmente del 5 al 10 % de las apuestas, única fuente de beneficio en este juego perfectamente equitativo. Los bakuto desarrollaron un estricto código de honor (jingi, 仁義) y rituales de juramento (sakazuki, intercambio de copas de sake) que perduran en el protocolo yakuza contemporáneo.
Desde el punto de vista matemático, el Cho-Han ofrece una simetría perfecta. Dos dados de seis caras producen 36 combinaciones posibles (6 × 6), de las cuales exactamente 18 dan una suma par (Cho) y 18 una suma impar (Han), lo que supone una probabilidad rigurosamente igual del 50 % para cada resultado. La suma de 7 es la más frecuente con 6 combinaciones de 36 (16,7 %), mientras que los extremos —2 (snake eyes, 1+1) y 12 (boxcars, 6+6)— solo tienen una probabilidad de 1 entre 36 cada uno (2,8 %). A diferencia de la ruleta europea (ventaja de la casa del 2,7 % gracias al cero) o de los craps americanos (1,41 % en la línea Pass), el Cho-Han puro no confiere ninguna ventaja matemática a la casa, que se remunera únicamente mediante el terasen. El matemático japonés Seki Takakazu (関孝和, 1642-1708), considerado el «Newton japonés», desarrolló de forma independiente el cálculo combinatorio en su Hatsubi Sanpō (1674), técnicas que permiten analizar rigurosamente las probabilidades de los juegos de dados como el Cho-Han.
El Cho-Han se ha convertido en un marcador cultural inconfundible de Japón en la ficción mundial. En el cine, las escenas de Cho-Han jalonan las películas de yakuzas (ninkyo eiga) de la Toei Company de los años 1960-70, con actores icónicos como Ken Takakura en la serie Abashiri Bangaichi (1965-1972, 18 películas). El director Takeshi Kitano inmortalizó el juego en Zatoichi (2003), donde el legendario masajista ciego detecta los dados trucados gracias a su oído sobrenatural; la película obtuvo el León de Plata en la Mostra de Venecia. En el manga Kaiji (Fukumoto Nobuyuki, 1996), los juegos de azar como el Cho-Han son el eje de la trama, adaptada en anime (Madhouse, 2007) y en películas de acción real (2009, 2011). Naruto presenta a Tsunade, la «legendaria perdedora» (densetsu no kamo), jugando al Cho-Han con una mala suerte proverbial.
En el Japón contemporáneo, el Cho-Han tradicional ha sido ampliamente superado por el pachinko (aproximadamente 7 800 salones en 2023, en descenso desde el pico de 18 000 en 1995) y las apuestas hípicas de la JRA (Japan Racing Association, 3 billones de yenes de facturación anual). El juego de dados sobrevive, no obstante, en festivales (matsuri) y recreaciones históricas, especialmente en el Jidai Matsuri de Kioto y en los pueblos-museo del período Edo como Noboribetsu Date Jidaimura en Hokkaido. Los casinos en línea le han dado una segunda vida al Cho-Han, ofreciéndolo junto al Sic Bo chino en las categorías de «juegos asiáticos». Japón legalizó los casinos terrestres con la Integrated Resort (IR) Implementation Act de 2018, y el complejo MGM Osaka, previsto para 2030, podría incluir mesas de juegos tradicionales japoneses. Sobre todo, la serie de videojuegos Yakuza / Like a Dragon de SEGA, con más de 21 millones de copias vendidas en todo el mundo (2024), sigue siendo el principal medio de descubrimiento del Cho-Han para las nuevas generaciones a escala global.